Los biocombustibles, la economía y la vida

Los biocombustibles se inscriben en la punta de la cadena agroindustrial, adicionándole cuatro elementos claves: más desarrollo sostenible, más valor agregado, más desarrollo regional y más soberanía energética.

¿Por qué gas­tar los pocos dólares que ten­emos impor­tan­do energía con­t­a­m­i­nante , cuan­do podemos cubrir ese fal­tante con energía ren­ov­able prove­niente del sec­tor más com­pet­i­ti­vo de nues­tra economía?

En solo 15 años, la indus­tria de los bio­com­bustibles invir­tió en Argenti­na unos 3000 mil­lones de dólares para con­stru­ir des­de cero una indus­tria fed­er­al que tiene hoy un val­or de mer­ca­do sim­i­lar o supe­ri­or al de YPF y que per­mi­tió el ahor­ro de mil­lones de toneladas de CO2. ¿Quién da más?

En vez de asus­tarse y atacar a las energías limpias, tratan­do de con­fundir a los con­sum­i­dores y a los gob­ier­nos, los refi­nadores de petróleo deberían incor­po­rar a su vocab­u­lario pal­abras como cam­bio climáti­co, sol­i­dari­dad inter-gen­era­cional, coop­eración, sus­tentabil­i­dad, análi­sis sistémi­co, economía cir­cu­lar, atom­ización de ofer­ta en con­tra­parti­da a la con­cen­tración, y bioe­conomía : no pueden seguir com­portán­dose como si nue­stros hijos y nietos no tuviesen dere­cho a la vida.

Para mues­tra bas­ta un botón: un fis­cal gen­er­al de EE.UU. demandó recien­te­mente a Exxon­Mo­bil y a otras por lle­var a cabo “cam­pañas fraud­u­len­tas” en las que intenta­ban restar impor­tan­cia a la evi­den­cia cien­tí­fi­ca sobre el calen­tamien­to glob­al, usan­do las mis­mas téc­ni­cas que imple­men­taron las taba­caleras para escon­der que fumar era can­cerígeno.

Lo cier­to es que el corte actu­al del 12% de las naf­tas con bioetanol es muy bajo respec­to de su poten­cial y rep­re­sen­ta menos de la mitad de las mez­clas de Brasil o Paraguay. Usan­do solo un 5% de los 50 mil­lones de toneladas de maíz que pro­duce Argenti­na anual­mente, podríamos lle­var la mez­cla al mis­mo niv­el que nue­stros veci­nos, gener­aríamos inver­siones de más de 1.000 mil­lones de dólares, agre­ga­do de val­or en ori­gen, miles de empleos, desar­rol­lo region­al, susti­tu­ción anu­al de cien­tos de mil­lones de dólares en importa­ciones de naf­tas, además de cuidar el ambi­ente y preser­var la salud de la población.

El argu­men­to prin­ci­pal de los refi­nadores de petróleo para fre­nar a la indus­tria de los bio­com­bustibles es el supuesto sub­sidio que reciben los pro­duc­tores: fake news. La indus­tria no recibe fon­dos del Esta­do, que sí decidió no gravar a estas bioen­ergías en el sur­tidor, tan­to por su favor­able impacto ambi­en­tal como para evi­tar que genere un cos­to extra para el con­sum­i­dor. De hecho, el aporte fis­cal de la indus­tria de bio­com­bustibles, prin­ci­pal­mente a través de IVA, Ganan­cias y Reten­ciones, es supe­ri­or a la des­gravación que ben­e­fi­cia al con­sum­i­dor.

Es prue­ba de una man­i­fi­es­ta con­tradic­ción que la indus­tria petrol­era, ben­e­fi­ci­a­da históri­ca­mente con regímenes espe­ciales, sub­sidios, y la total des­gravación del gas para autos, hable del cos­to fis­cal de los bio­com­bustibles, omi­tien­do sus ben­efi­cios ambi­en­tales, y soslayan­do la con­tribu­ción de la energía fósil a la catástrofe climáti­ca y a la degradación de la salud de la población. ¿Cuán­to debería pagar el petróleo y/o sus deriva­dos para com­pen­sar mín­i­ma­mente los prob­le­mas ambi­en­tales y san­i­tar­ios que provo­ca?

Fuente: La Nación.