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Domingo, 16 de agosto de 2026
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Argentina

La energía con precios dolarizados y de mercado

Para reforzar la mejora en la producción de hidrocarburos, el Gobierno apunta a sincerar precios en dólares y licitar compras de gas natural

Equipo de Redacción

8 min de lectura

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En medio de la crisis cambiaria, el acuerdo con el FMI y el reemplazo de Juan José Aranguren por Javier Iguacel al frente del Ministerio de Energía, pasó casi inadvertida una novedad clave para el sector energético: por primera vez en 15 años dejó de caer la producción de petróleo y gas natural. Según datos del Instituto Argentino de Energía General Mosconi (Iaegm), en mayo la producción de crudo subió 3,2% con respecto a igual mes de 2017 -la más baja de la última década-, en tanto que la de gas creció 4,2%.

No es una noticia para descorchar champagne. Aunque la extracción de petróleo registró tres alzas mensuales consecutivas, todavía muestra en los últimos doce meses una merma de 2,6%, a diferencia del gas que repuntó 1% en el mismo período. Pero este punto de inflexión, al menos, podría haber sido aprovechado por la Casa Rosada para darle sentido a los cambios que está produciendo en el sector energético tras el salto de 50% del dólar durante el primer semestre y cuyo impacto por ahora sólo se hace ver en los surtidores.

Días atrás, Iguacel declaró que los precios -en dólares- de las naftas y el gasoil eran los más bajos de la región, lo cual es tan cierto como que en enero (con el dólar a $20) resultaban los más altos detrás de Uruguay, que esa volatilidad obedece a la devaluación y no es un consuelo para los consumidores con ingresos en pesos.

Sin embargo, el consenso sobre la necesidad de estabilizar el mercado cambiario también se extiende a la energía, cuyos precios están dolarizados y, en el caso de los combustibles, alineados desde octubre de 2017 con la cotización internacional del crudo Brent, su equivalente en pesos al dólar mayorista y el componente de biocombustibles (10/12%).

Cuando entonces Aranguren dispuso el fin del “barril criollo” y la liberación de precios, pocos suponían que ocho meses más tarde el Brent iba a trepar 35% (de US$58 a más de 78 por barril) y la cotización del dólar nada menos que 63% (de $17,45 a $28,50). Hasta fin de febrero ambos promediaban 14% pero luego se aceleraron. De ahí que en plena corrida cambiaria acordó con las petroleras -a instancias de la Casa Rosada-, una postergación de los ajustes para atenuar su impacto sobre la inflación, seguida de dos aumentos provisorios de 3% para junio y julio que quedaron prematuramente desactualizados. Este parche se asemejó al fallido congelamiento del dólar que ensayó el Banco Central en febrero y marzo a costa de una venta récord de reservas.

Para cortar por lo sano, Iguacel -a pedido de YPF y con la venia de Mauricio Macri- dio de baja ese acuerdo a fin de volver a liberar los precios y que las petroleras fueran actualizándolos en un marco de competencia. La señal de alarma fue el derrumbe de las acciones (ADR) de las compañías energéticas en Wall Street (donde YPF cayó de US$27 a US$13,9) tras el relevo de Aranguren.

También pesó la opinión de los ex secretarios de Energía acerca de que un problema de mercado no podía ser resuelto con precios políticos para el petróleo sin afectar las inversiones en marcha. Especialmente en Vaca Muerta, donde la producción no convencional de crudo ya alcanzaba en marzo a 10% del total y la de gas natural a 27,5% en el promedio móvil de los 12 meses previos, según el Iaegm.

Pese a los aumentos de los combustibles de las últimas dos semanas (con extremos en 6/8% de YPF y 9/12% en Shell), en el sector estiman que aún resta cubrir un retraso de 20 a 25%. La situación es diferente para las empresas que producen y/o exportan petróleo y las que deben comprarlo para refinar, a precios que en julio equivalen a US$68 el barril y explican los cupos de volumen para estaciones de servicio sin marca (blancas). Esa brecha se irá reduciendo a través de sucesivos ajustes mensuales hasta fin de año, que algunas compañías califican como “quirúrgicos” para evitar una caída de ventas internas, que en abril registraban un alza de 8% interanual.

Aun así, la magnitud dependerá de la cotización del Brent (que en la última semana bajó casi US$4 a US$74,5 el barril); del dólar mayorista (que acaba de perforar el piso de $28) y de las estrategias de las empresas para recuperar su punto de equilibrio. Por caso YPF, que lidera el mercado con 55% de las ventas, subió más los precios de venta al público de la nafta premium que de gasoil y súper, cuyo componente de impuestos es de 35,4 y 40,1% del total.

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