El inexplicable embate contra los biocombustibles
Por Juan Luis Fernández | Nacieron por la decisión política, del entonces presidente Néstor Kirchner, de desarrollar y revalorizar la agroindustria, el medio ambiente y la producción federal de energía como ninguna otra cadena productiva puede acreditar.

El sector azucarero argentino produce 550.000 m3 de bioetanol. Es combustible limpio, renovable, industria nacional y más barato que los hidrocarburos fósiles. Si no se produjera deberíamos importar casi 6 millones de litros de nafta más de los que ya importamos todos los años, perjudicando la balanza comercial y perdiendo dólares que el país tanto necesita. Si no se produjera, a su vez, tendríamos sobrantes de azúcar que llevarían a la actividad a la quiebra y con ello, como ya nos pasó durante la dictadura de Onganía, al cierre masivo de ingenios y la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo. El norte argentino, todavía, no se recupera de aquella barbarie de Onganía.
El bioetanol se destina a complementar la industria petrolera, mezclándose con las naftas. Se procesa en 20 ingenios, 16 destilerías y 9 deshidratadoras de alcohol del Noroeste Argentino. Una cadena de valor integrada también por 8.100 productores independientes de caña de azúcar y 400.000 hectáreas, que emplea a más de 60.000 personas en forma directa y más de 90.000 en forma indirecta.
La industria de los biocombustibles está en vías de ser destruida. A partir de octubre de 2017 el gobierno nacional de Mauricio Macri empezó un ataque frontal a los biocombustibles con una sucesión de modificaciones y manoseos en los procedimientos de determinación del precio regulado que tienen los biocombustibles perjudicando en forma reiterada al sector hasta dejarlo en situación de quebranto. A partir del último diciembre, y a pesar de la inflación y la devaluación, sobrevino un congelamiento de 9 meses que no parece próximo a acabar. Este combo, y la nula voluntad de modificar esta situación, significan una condena para la actividad azucarera y la de los combustibles renovables.
La política en materia de combustibles revela un claro privilegio para el sector petrolero. Entre 2018 y 2020 la nafta super -que contiene un 12% de bioetanol- tuvo un incremento de precios del 134%. En el mismo período el bioetanol se actualizó en un 84%. Existe una clara transferencia de recursos del sector sucroalcoholero al petrolero. No se comprenden las razones que justifican privilegiar a una industria que contamina más, genera menos puestos de trabajo y está en retirada en el mundo. No se comprende porque no es necesario hacer competir a estos sectores que son perfectamente complementarios.
El panorama se pone más oscuro cuando conocimos que, mediante el Decreto 488/2020, se dispuso garantizar a través del “barril criollo” al sector petrolero su rentabilidad ante la crisis mundial inédita. Inexplicablemente para la industria de los biocombustibles solo hubo silencio y omisiones. Es decir que para el petróleo se deciden subsidios pero para la industria de los combustibles renovables, más baratos, no contaminantes, que agregan valor a la materia prima y permiten el desarrollo a lo largo y lo ancho de todo el país, la decisión es violar en forma reiterada y concienzuda, leyes y normativas para perjudicar la actividad, poniendo en riesgo a, quizás, la región más castigada por políticas nacionales claramente centralistas, como es el Noroeste Argentino.
El precio del bioetanol lo establece y actualiza en forma mensual la Secretaría de Energía de la Nación. Desde diciembre de 2019 el precio no se publica. Se reconocen $29,80 por litro. Es un precio de quebranto. El precio de equilibrio estaría más cerca de los $36 por litro. Aun así es más barato que la nafta. Urge parar y revertir estas agresiones sistemáticas a una industria que hoy sostiene a la primera industria pesada que se instaló en Latinoamérica: la azucarera, y los subproductos que la caña nos ofrece y que significan energías renovables, combustibles ambientalmente sostenibles y menores precios para los consumidores.
La destrucción de los biocombustibles, que quede claro, no será consecuencia de ninguna pandemia.
(*) Ingeniero, ministro de Desarrollo Productivo de Tucumán.
Fuente: Ámbito.