Industria azucarera, amenazada

La indus­tria azu­car­era, que suma 5% del PIB region­al, está ame­naza­da. Si desa­pareciera, las con­se­cuen­cias serían muy graves para el Valle del Cau­ca; el impacto, por el efec­to mul­ti­pli­cador en la deman­da agre­ga­da, sería cat­a­stró­fi­co. Son moti­vo de alar­ma la pér­di­da de pop­u­lar­i­dad de la sac­arosa en los mer­ca­dos, la relación insostenible entre los inge­nios y sus provee­dores, el ries­go de ocu­pación de tier­ra y la fal­ta de políti­cas agrarias claras.

La humanidad ha abu­sa­do de los azú­cares, molécu­las que per­miten acu­mu­lar energía en for­ma muy efi­ciente pero hacen daño si se ingieren en exce­so. El con­sumo per cápi­ta de Colom­bia es mucho menor que los de Méx­i­co y EE.UU., pero la reduc­ción en el con­sumo mundi­al volvería invi­able la pro­duc­ción en regiones con cos­tos altos, si el pre­cio baja por menor deman­da. Por otro lado, la relación entre provee­dores de caña e inge­nios que se desprende de nego­ciación por poder y no por obje­tivos, es insostenible: la capaci­dad de inver­sión de los inge­nios se reduce has­ta volver­los invi­ables, como con­se­cuen­cia de ced­er par­tic­i­pación en el val­or agre­ga­do de la cade­na de val­or sin que este aumente. La ocu­pación de tier­ras con respal­do en la situación de 1492 puede destru­ir la economía del norte del Cau­ca y el sur del Valle, con efec­tos nefas­tos para toda la población de la región.

La fal­ta de políti­cas agrarias se refle­ja en la ausen­cia de gestión fis­cal para mit­i­gar la volatil­i­dad cam­biaria debi­da al petróleo y el car­bón: en un esce­nario racional el Gob­ier­no evi­taría el gas­to públi­co impro­duc­ti­vo, porque nece­si­taría recur­sos para com­prar dólares y así debil­i­tar el peso cuan­do los pre­cios de estos pro­duc­tos suben, con el fin de evi­tar la enfer­medad holan­desa y sosten­er las cade­nas de val­or de los demás bienes y ser­vi­cios.

Además algu­nas per­son­al­i­dades públi­cas no entien­den la lóg­i­ca de los fon­dos de esta­bi­lización de pre­cios, asun­to vital para la indus­tria azu­car­era del valle geográ­fi­co del río Cau­ca, que com­pite con los demás clus­ters azu­careros del mun­do. Cabe recor­dar que hay libre importación, lo cual pro­tege a la sociedad frente a los efec­tos nocivos de una supues­ta cartelización.

La indus­tria azu­car­era tiene defi­cien­cias: no ha hecho lo debido para pro­mover mejor gestión públi­ca en salud y edu­cación en los munici­p­ios azu­careros, no ha aus­pi­ci­a­do con la nece­saria inten­si­dad el riego por goteo para con­tribuir al ase­gu­ramien­to de agua en su ámbito de influ­en­cia, y no ha edu­ca­do a la tec­noc­ra­cia bogotana sobre el nego­cio, sobre las con­sid­era­ciones apropi­adas para asig­nar la caña a los inge­nios según cri­te­rios racionales, como se hace, por ejem­p­lo, en Aus­tralia, país líder en el impul­so a mer­ca­dos libres en agri­cul­tura, sobre la impor­tan­cia de inte­grar des­til­erías para hac­er quími­ca a par­tir de alco­hol, ni sobre el impacto de la activi­dad azu­car­era en la economía y la sociedad de la región.

Sin embar­go, tam­bién es cier­to que se ha mod­ern­iza­do, que las necesi­dades bási­cas insat­is­fe­chas de la población en los munici­p­ios azu­careros son muy bajas, y que hay tra­ba­jo serio en con­ser­vación de agua.

Es hora de asumir com­pro­misos que no exi­gen dinero sino lid­er­az­go. ¿Qué espera la indus­tria?

Fuente: ElPais.com.co