Análisis | Situación del etanol para combustible
Mucho se habla en círculos vinculados a la producción del bioetanol de caña y de maíz, sobre la crítica situación del sector, lo cual es motivo de lógica preocupación, tanto en el NOA, Córdoba, Santa Fé, etc.
Hasta ahora no se avizoran cambios, pero se introdujo un factor inesperado con la nueva enfermedad, que tiene en vilo al país y puede dar lugar a un papel protagónico a la industria alcoholera nacional, para asegurar mayor cantidad de materia prima en la producción del alcohol en gel, según la demanda actual que indica la ANMAT.
El panorama del biocombustible viene complicado desde 2017-18 cuando se modificó la fórmula para calcular el precio del producto y se profundizó al congelar el mismo desde Diciembre 2019, sin vislumbrarse como seguirá después. Todo esto atrae a la memoria recordar que algo similar ocurrió 40 años atrás (fines de la década de 1980), cuando se dio de baja abruptamente al Plan Alconafta, aduciendo altos costos fiscales al Estado, más una inesperada sequía, para regocijo del sector petrolero y desazón del azucarero. Entonces la mezcla era 15% y ahora estamos parados en 12%.
En estos momentos, con el bajo precio en el barril del petróleo (según Moody´s) ronda entre U$S 24-30 en Marzo, torna propicia la situación para que las petroleras empujen en poner fuera de combate a los biocombustibles, con el mismo argumento esgrimido 40 años atrás, en el sentido que tienen “un coste fiscal enorme a causa de esa mezcla” (clarín.com 9/02/2020).
Aquí parece no interesar que lo vigente es consecuencia de una política de Estado surgida como consecuencia del Protocolo de Kyoto (Japón) en 1997, al cual se adhirieron en su momento el 99% de los países (luego ratificado en 2015 durante la cumbre de París) y donde Argentina fue firmante del mismo, que lo afianzo con la Ley Nacional Nº 25.438. El motivo fundamental fue para disminuir la contaminación ambiental. De esa ley surgieron posteriormente dos leyes básicas: 1) la 26.093 general para biocombustibles y 2) la 26.334 específica para el etanol de la caña de azúcar.
Todo respondía a políticas mundiales sobre la contaminación excesiva de la atmósfera con gases carbónicos y nitrosos –entre otros- habida cuenta de haberse comprobado que la emisión de dichos gases provenía en gran parte de los medios de transporte. Pareciera que aquí se ha olvidado de ello, mientras una gran mayoría de países avanzan decididos con impulsar estas políticas en base a energías renovables. Argentina y Brasil comenzaron juntos –década 1970- la práctica de mezclar el etanol con las naftas, aunque en Tucumán el respetado W.E. Cross lo había demostrado entre 1920-46. Durante la década de 1980 hubo varios vaivenes con el Plan “Alcohonafta”, que a lo sumo duró unos 10 años, sin importar las inversiones que había hecho el sector en ese entonces.
Mientras tanto el Estado brasileño apostaba con todo énfasis en un programa de largo aliento. Tan es así que posibilitó el crecimiento de una poderosa industria sucro-alcoholera, más una gran industria metalúrgica de apoyo y ahora agregaron las plantas generadoras de energía con la biomasa de la caña de azúcar, de tal forma que todo ello configura el 2,2% del PBI –que como sabemos es más del doble del nuestro- con varios miles de puestos de trabajo, etc. hubo una clara política de Estado en forma continua durante más de 40 años.
Esto los llevó a producir unos 30 millones de m3/metanol/año (frente a nuestros pobres 1.100.000 m3), ser primeros exportadores mundiales, tener una mezcla del 27,5% que se actualiza cada 4 años por la ANP (Agencia Nacional del Petróleo), además de los autos con motores “flex”, etc. se mantienen firmes en esa política y ya comenzaron con grandes plantaciones de maíz en el Matto Grosso para aumentar su producción global, a pesar que les apareció un fuerte competidor con etanol proveniente del maíz –los EEUU- quienes también trazaron una política a largo aliento, comenzando con subsidiar la actividad por cada galón producido y así las destilerías crecieron como hongos. Al cabo de unos años, desplazaron al Brasil del primer lugar y hoy están produciendo unos 100 millones de m3/año. Fijaron por ley un 15% de mezcla y prohibieron los oxigenantes sintéticos. Esa mezcla es para un consumo de casi 600 millones m3/año de naftas, lo cual indica la magnitud de la actividad. Cuidar el ambiente y depender menos del petróleo es la consigna.
Al igual que Brasil, no se ruborizarán en subsidiar el programa: el objetivo era afianzarlo. Al efectuar las necesarias comparaciones, parece evidente que nuestro país no es capaz de fijar políticas a largo plazo. Siempre estamos empezando algo, que después se modifica por montones de circunstancias. Todo ello junto a una vorágine política muy cambiante, que no otorga lugar a efectuar planificaciones profundas. Quizás por eso siempre andamos a los tumbos. Del 2018 al 2019 hubo una leve baja en la producción y el consumo del bio, sin olvidar que el régimen vigente caduca en Mayo 2021.
Veamos cifras: el congelamiento del precio del bioetanol en $ 29,808/l, viene castigando fuertemente al sector, cuando relacionamos con otras variables económicas. Por ejemplo, desde Junio 2018 a Diciembre 2019, el valor del producto subió de $17,737/l a $29,808/l (72%), pero el cambio del dólar oficial venta, varió de $28,8 a $64 (122,2%), mientras el precio de la nafta arrastraba una suba de 159%, el índice de precios mayoristas del 201%, y todo dentro de un contexto inflacionario conocido. Con precios estancados, costos crecientes y un dólar que se mueve, la situación es difícil. A ello se suma un atractivo precio del azúcar en el mercado interno, muy por arriba del valor “bolsa equivalente” en que se basa la relación azúcar/etanol, según los métodos de cálculo aceptados en Junio 2017. Los valores medios de Marzo son $1850 vs $810. El litro de etanol actual vale U$S 0,4482 al cambio oficial de $66,5.
En Brasil (Estado de San Pablo) el “mercado spot” del anhidro es 2,20 reales/l (cambio 5,10 R por dólar), resultando U$S 0,431/l.
Para el NE es algo superior (ver www.udop.com.br). Trasladado a pesos son $29,26/l con un cambio de $13,30 por cada Real. La nafta en Brasil vale 4,40 Reales/l o sean $58,52/l.
La nafta en Tucumán se acerca al dólar por litro (0,900 cvos), más cara que en Brasil, con U$S 0,862/l. como vemos los precios en ambos países se parecen bastante para los dos productos de la mezcla. Aquí la incidencia del bio en el precio total de la nafta no llega al 6%. Si relacionamos el precio con la base dólar Junio 2018, la diferencia es abrumadora, pues serian U$S 0,615/l.
Distinto es el panorama en EEUU, donde en los últimos 3 meses, los precios oscilaron entre U$S 0,53 – 0,62, con una media de U$S 0,59/l y el galón en U$S 1,980.el valor del etanol “commodity” es de U$S 0,93/l según CACTU.
En 2019 se elaboraron un 3,3% menos que el año anterior (Secr. Energía) o sean 36.755 m3, resultando un total de 1.077.026 m3, de los cuales 556.339 son del maíz y 520.687 de caña.
Es evidente que estos números señalan las dificultades que atraviesa el sector y cuyas demandas no son debidamente atendidas –hasta ahora- y tanto el Centro Azucarero Argentino como la Cámara del Bioetanol de Maíz, solicitan una adecuación del precio como así también llevar la mezcla del 12% al 15%, habida cuenta del stock existente.
La Cámara citada menciona disponer una capacidad de 830.000 m3/año con 5 plantas.
Más resuena todo esto cuando observamos que Paraguay dio un salto y llevo la mezcla al 25%. Es peor el panorama si tenemos que volver atrás y usar los productos oxigenantes sintéticos –derivados del metano- que se emplean para mejorar el octanaje de las naftas. Como el residuo es cancerígeno, se lo prohíbe paulatinamente en todo el mundo desarrollado y a su vez aportan menos oxigeno que el etanol. Conozco cifras que en 2019, varias empresas lo emplean en 4,5% (Secr. Energía) para la mezcla, producto que disminuyo luego que el etanol llego al 12%, pues antes era mayor. De todas formas, eliminar aquel 4,5% (unos 427.500 m3), daría lugar a casi duplicar el etanol azucarero.
El último parte oficial de Tucumán del 15/02/2020, indica que las 8 destilerías elaboraron un total de 323.157 m3.
Por Franco A. Fogliata – Ing. Agrónomo.