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Sábado, 15 de agosto de 2026
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Tucumán

Técnicos de la EEAOC relevaron cañaverales para conocer qué efectos tuvieron en ellos las heladas

Equipo de Redacción

6 min de lectura

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Pese a la severidad del frío, no se ve deterioro en la calidad fabril de la caña. Alerta a las quemas.

En Tucumán, la ocurrencia de heladas suaves y moderadas paralizan la evolución de la maduración de los cañaverales. Las severas y muy severas, en tanto, pueden provocar pérdidas de producción de azúcar de entre un 10% y un 25%, derivadas de la reducción de la cantidad de caña para molienda y, en especial, debido al deterioro de la calidad de la materia prima que se procesa ya las dificultades que este deterioro provoca en la recuperación fabril de azúcar. Además, el frío limita la disponibilidad de caña semilla apta para la realización de las renovaciones comerciales.

Fernanda Leggio y Eduardo Romero , técnicos del subprograma Agronomía de la Caña de Azúcar de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), indicaron que este año y en toda el área cañera, los cañaverales tucumanos sufrieron heladas de distinta intensidad y duración. Si bien durante el mes pasado ya se registró heladas de cierta importancia, durante los primeros días de este se presentaron fríos más intensos y prolongados.

Con el propósito de efectuar una evaluación de los daños provocados por este fenómeno en los lotes comerciales de caña de azúcar, organizaron un recorrido por las distintas localidades del área cañera de la provincia. A tal efecto se seleccionaron lotes representativos del área cañera dividida en tres zonas -norte, centro y sur-, y se monitorearon lotes comerciales con las variedades LCP 85-384 y TUC 95-10. Estos fueron seleccionados cercanos a la red de estaciones meterológicas de la Eeaoc.

Las evaluaciones incluyeron observaciones visuales de los cañaverales, considerando el estado del follaje, del brote apical, el número de yemas dañadas y el número de entrenudos con tejido afectado. A partir de estos datos se pudo determinar el nivel de daño en cada situación particular. Estos fueron categorizados según la siguiente escala (Tabla 1).

En primera instancia, se puede señalar que la incidencia de las heladas fue generalizada y con efectos variables sobre el cañaveral, que depende en gran medida de su localización, de la variedad, del nivel de crecimiento y producción, de la posición topográfica, de la cercanía de cursos de agua y / o zonas de monte, entre otros.

Los daños de mayor importancia se registraron en los lotes ubicados en el centro y en el sureste del área cañera, lotes con variedades distintas a LCP 85-384 y en cañaverales que presentaban menor nivel de producción y / o volcados.

Cabe destacar que las heladas del mes pasado permitieron a los cañeros acelerar el avance de la cosecha en la zona sureste -la más afectada-, y debido a ello en algunas localidades no se halló caña en pie a la fecha de este monitoreo.

Simultáneamente se extrajeron muestras de caña para evaluar su calidad fabril en el laboratorio de Investigación Azucarera de la sección Química de la Eeaoc.

Pese a la diferente severidad de las heladas, no se destacan aún efectos que denoten problemas de deterioro en la calidad fabril de la caña, como indican los elevados niveles de Pol y de Pureza%.

El nuevo escenario generado por las heladas, que se caracteriza por su gran variabilidad espacial, obliga a los ingenios ya los productores a evaluar en cada lote el nivel de daño que sufrió el cañaveral destinado a la industria. Así se podrá realizar un reordenamiento de la cosecha estableciendo un orden de prioridad entre lotes y definiendo, en cada caso, la altura de despuntado adecuada, para minimizar los efectos negativos del frío y para mantener la calidad de la materia prima en niveles adecuados.

Resulta importante recordar que el efecto de las horas de frío es acumulativo: cada nueva helada modifica y agrava la situación del cañaveral. Sin embargo, la magnitud final de las pérdidas de azúcar dependiente de otros factores, cuya consideración y manejo pudo minimizar su significación.

Entre estos podemos destacar la influencia de las condiciones ambientales que se registran en el tiempo que resta de zafra; especialmente, el aumento de las temperaturas y la ocurrencia de lluvias.

También influirá el comportamiento de los cultivares comerciales -tolerancia al deterioro poshelada, nivel de maduración, capacidad productiva y cobertura-, la fecha de la cosecha, el sistema de recolección empleado, entre otros.

Pero este año el factor de gravedad mayor y riesgo lo constituyen las quemas. Hasta el miércoles 5, la sección Sensores Remotos y SIG de la Eeaoc, llevaba registrado 44.500 ha que sufrieron los efectos del fuego, con un porcentaje importante de caña quemada en pie, situación que potencia exponencialmente las pérdidas de caña y azúcar generadas por las heladas .

El grado de reorganización de la cosecha, la modificación de la altura del despuntado, la eliminación de la quema y de las demoras por estacionamiento de la caña cosechada resultarán factores decisivos para disminuir el impacto del frío y minimizar las pérdidas.

Problema de todos

Sin dudas, en estas circunstancias resulta de máxima importancia el trabajo en el campo. Pero también la difusión por los medios de comunicación sobre la importancia de evitar la quema de los cañaverales.

También el compromiso del Gobierno, sus organismos e instituciones de la sociedad toda para evitar este serio problema que no sólo afecta a la principal actividad económica de la provincia, sino a toda la comunidad, debido a los efectos negativos ambientales, económicos y sociales que géneros.

En el estado actual, con altos niveles de combustibilidad del material vegetal, la quema accidental y / o intencional de banquinas, de matorrales o de cañaverales provoca la propagación del fuego a miles de hectáreas en poco tiempo. Esto hace perder el valor económico del cañaveral, al acelerar el deterioro de la materia prima.

Por este motivo, a fin de minimizar el riesgo de incendio en los cañaverales, se recomienda mantener los callejones rastreados, mantener limpios canales y alambrados, preparar cortafuegos y no usar el fuego para limpiar banquinas y matorrales.

Fuente: La Gaceta.

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